sábado, 16 de febrero de 2013

La llamada en la pesca milagrosa (Lc 5, 1-11)


"En aquél tiempo la gente se apretaba alrededor de Jesús para escuchar la palabra de Dios, a la orilla del lago de Genezaret. Vio dos barcas amarradas a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado a lavar las redes. Subió a una de las barcas que era la de Simón y le pidió que la apartara un poco de la orilla: se sentó en la barca y empezó a enseñar a la muchedumbre.

Cuando terminó de hablar dijo a Simón: "Lleva la barca a la parte más honda y echa redes para pescar". Simón respondió: "Maestro hemos trabajado toda la noche sin pescar nada, pero sobre tu palabra echaré las redes". Y al echar las redes pescaron tal cantidad de peces que las redes se rompían. Pidieron por señas a sus compañeros que estaban en la otra barca que vinieran a ayudarlos; vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador". Pues, tanto él como sus compañeros estaban asombrados por la pesca que acababan de hacer. Lo mismo le pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de hoy en adelante serás pescador de hombres". Entonces llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús". (San Lucas 5, 1 a 11).

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